Corazón amoroso

1 Juan 4:7-21

Amor es una palabra que hemos desprestigiado y tergiversado ampliamente, pero acudiremos a la Biblia para rescatar el verdadero significado de la palabra amor.
Hay amor genuino y hay amor fingido. Aun gran parte del amor que aparentemente es genuino, proviene de fuentes incapaces de producir amor verdadero. Tal vez sea un amor bien intencionado, pero procede de esfuerzos humanos que nunca pueden agradar a Dios.

Ejemplo es el de Amnón que amaba a Tamar y después de violarla la odio con la misma profundidad de su amor. O el amor que profesaba Saúl a David como hijo, pero que en realidad lo quería matar.

En estos versículos, Juan presenta la fuente verdadera del amor y da las pruebas que debemos emplear para saber si el amor que uno profesa viene de Dios o no.

1. LA ÚNICA FUENTE DE AMOR VERDADERO 4:7–8

El amor es de Dios 4:7

– Comienza con un imperativo: “Amados, amémonos unos a otros”. A primera vista, pareciera fácil cumplir este mandamiento, pero no lo es.
– Entre nosotros, los seres humanos, hay la tendencia a creer que podemos imitar los atributos de Dios o hacer sus obras. Nada está más lejos de la verdad.
– En nosotros mismos no existe el verdadero amor ni la capacidad de imitarlo.

El amor es de Dios, no de la carne

– El creyente carnal, que no tiene comunión con Dios, no puede producir el verdadero amor tampoco.
– La primera virtud mencionada en Gálatas 5:22 como fruto del Espíritu, es el amor. El fruto del Espíritu se produce en el creyente cuando permanece en Cristo (Juan 15:1–8).
– Esta clase de amor sí puede cumplir con el mandamiento de Dios de amarnos unos a otros, porque proviene de Dios. Se da al que ha nacido de Dios, y le conoce (4:7).
– Es un amor sobrenatural hecho posible por la regeneración del Espíritu Santo (Tito 3:3–6).

Al decir: “Todo aquel que ama… conoce a Dios”, Juan confirma la enseñanza de 2:3, donde dice que guardar los mandamientos del Señor es prueba de que uno lo conoce. La expresión habla de conocerlo íntimamente, no solo conocerlo como Salvador.

Intrínsecamente, Dios es amor 4:8

El amor es parte fundamental de su carácter y de su ser.
Juan dice con toda claridad que el que ama, es nacido de Dios, pero no dice de dónde nace el que no ama. Sin embargo, afirma categóricamente que el que ama conoce a Dios, y el que no ama, no lo conoce.
Es evidente en toda la Biblia que nacer de nuevo es el paso inicial de la salvación, pero hay pasajes que indican que alguien puede ser nacido de Dios y, no obstante, no obedecerle.
Se puede decir que tal persona tiene fe y la vida eterna, pero no demuestra amor, porque no conoce a Dios íntimamente.

2. EL AMOR DEMOSTRADO 4:9–10

El ejemplo por excelencia

La demostración cumbre del amor es que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo para morir por nuestros pecados. Juan 3:16 expresa lo mismo en cristianos en todo el mundo. En este pasaje, Juan expone dos beneficios de contar con ese amor tan grande.

A) Dios envió a su Hijo para que vivamos por él 4:9

Esta expresión nos recuerda que estábamos muertos en nuestros pecados y delitos antes de creer en Jesucristo como nuestro único y suficiente Salvador. No había nada atractivo en nosotros cuando él murió en nuestro lugar. Al creer en él, nos dio vida, vida abundante y eterna.

B) Dios envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados 4:10

Dios envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Esto habla de presentar un pago satisfactorio por nuestras transgresiones. Dios quedó satisfecho con el sacrificio de su bendito Hijo al morir en la cruz.

Dios tomó la iniciativa al manifestar el amor 4:10

El amor no consiste “en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros”. No teníamos la capacidad de amar y si hiciéramos algún esfuerzo propio, no tendría ningún valor. Era necesario que él tomara la iniciativa para producir algo satisfactorio, para darnos vida con la cual amar y para poner delante de nosotros un ejemplo perfecto de amor.


3. LA RESPUESTA DEL CREYENTE que ha respondido a SU AMOR 4:11–13

Ama a sus hermanos 4:11

¿Cómo vamos a responder a semejante expresión de amor? Siendo que Dios nos amó tanto, es lógico que debemos amarnos unos a otros (4:11).
Vale la pena recalcar que éste no es un mandamiento vacío ni imposible de cumplir. Dios, que es amor, mora en nosotros para capacitarnos a amar y nos motiva a hacerlo, habiéndonos dado un ejemplo tan grande de su amor incomparable.

Se siente seguro por la manifestación del amor 4:12

Si practicamos el amor hacia otros, esta es una evidencia de que Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado a su plenitud en nosotros (4:12). Todo esto se relaciona con el mandamiento de amarnos unos a otros. El amor de Dios se perfecciona en nosotros sólo cuando hay obediencia a sus mandamientos.

Se siente seguro por la presencia del Espíritu 4:13

Si uno no conociera la palabra de Dios, correría el riesgo de creer que Él pudiera alejarse del creyente. La triste verdad es que muchos cristianos tienen esa duda.

Cuando nuestro Señor Jesucristo prometió a sus discípulos que enviaría al Consolador, aclaró: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre” (Juan 14:16). Después agregó en el mismo contexto, que el Espíritu moraría y estaría en ellos. La expresión: “para siempre” indica que su estancia en nosotros es permanente. Es una bendición saber también que nosotros permanecemos en él. El Espíritu mismo atestigua todo eso (4:13). Vea también Romanos 8:16.

4. EL TESTIMONIO DEL que tiene un corazón amoroso 4:14–16

Testifica que el Padre ha enviado al Salvador del mundo 4:14

El que permanece en él, testifica que el Padre ha enviado a su Hijo, el Salvador del mundo (4:14). Parece que el propósito de esto no es confirmar la encarnación de Cristo, aunque Juan ya lo había testificado también. La idea es proclamar su obra como Salvador del mundo.

Testifica que Jesús es el Hijo de Dios 4:15

El creyente también testifica que Jesús es el Hijo de Dios (4:15). No hay separación entre Jesús y Cristo. Jesús es su nombre humano, pero no es sólo un ser humano; es el Hijo de Dios. Juan da testimonio con estas palabras de su deidad y su humanidad, y así confirma su encarnación.

5. BENEFICIOS DE tener un corazón amoroso 4:17–21

Tenemos confianza para el día del juicio 4:17

No habrá un solo gran juicio final para todos los seres humanos. Nuestros pecados ya fueron juzgados en Cristo en la cruz y no debemos tener miedo de comparecer ante el trono blanco (Apocalipsis 20:11–15): “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Romanos 8:1). Sin embargo, todos los creyentes deben comparecer ante el tribunal de Cristo (2 Corintios 5:10). El perfeccionamiento de su amor nos inculca seguridad para esperarlo con gozo y para acercarnos a él confiadamente mientras sigamos viviendo en este mundo (4:17).

Echa fuera el temor 4:18

El perfeccionamiento de su amor en nosotros también echa fuera el temor (4:18). El que sigue temiendo, no disfruta del amor de Dios en su plenitud.

Una prueba final 4:20

Hay quienes hablan mucho acerca de su amor para con Dios, y con razón. Al meditar en su gran amor hacia nosotros, ¿cómo no vamos a amarle? Juan pone a prueba esa profesión de amor diciendo:

“El que no ama a su hermano, a quien ha visto, ¿Cómo va a amar a Dios, a quien no ha visto?” (4:20)
“El que ama a Dios, ame también a su hermano” (4:21).

Fuente: Collins, A. (1995). Estudios Bíblicos ELA: Comunión sublime (1ra Juan) (pp. 61–69). Puebla, Pue., México: Ediciones Las Américas, A. C.

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