Alabamos a Dios por la elección del Padre
Efesios 1:3
El Propósito del libro (Efesios 1:3)
Según vimos antes el tema de Efesios es declararnos un misterio que había estado oculto, pero que ahora es necesario conocer. Que Dios tiene un plan y se trata de reunir todas las cosas en Cristo las que están en los cielos y las que están en la tierra. Esto lo está haciendo ahora a través de la iglesia, de allí que el libro básicamente nos enseñará sobre la iglesia, su naturaleza, su unidad y sus privilegios y responsabilidades.
Este libro es pertinente para el día de hoy, pues estamos alejados unos de otros y a la vez comunicándonos, pero Dios no pierde el propósito, aunque estemos en la situación que sea. Dios sigue su propósito en la iglesia.
En estos versículos, Pablo estalla en un himno de alabanza y de acción de gracias a Dios por sus designios de amor y por las bendiciones que nos ha otorgado en Cristo. La emoción que embargaba el corazón del apóstol al expresar sus sentimientos era tan intensa que los conceptos adquieren un ritmo difícil de seguir. [1]
Este párrafo que hemos leído es un solo párrafo en el original y nosotros lo veremos en tres partes: la primera correspondiente al Padre, después otra parte que corresponde al Hijo y la tercera que corresponde al Espíritu Santo. Por eso lo veremos en tres sermones.
En los primeros versículos, estaremos usando básicamente la estructura de Wiersbe y nos va a mostrar las riquezas del creyente en Cristo.
La fuente de nuestras bendiciones
“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo…”. ¡Dios el Padre nos ha enriquecido en Jesucristo! Al nacer de nuevo en la familia de Dios naciste rico. A través de Cristo tienes parte en las riquezas de:
- La gracia de Dios (1:7; 2:7), “Dios es tan rico en gracia y bondad que compró nuestra libertad con la sangre de su Hijo y perdonó nuestros pecados.” NTV
- La gloria de Dios (1:18; 3:16), 18”Pido que les inunde de luz el corazón, para que puedan entender la esperanza segura que él ha dado a los que llamó —es decir, su pueblo santo—, quienes son su rica y gloriosa herencia”…. “Pido en oración que, de sus gloriosos e inagotables recursos, los fortalezca con poder en el ser interior por medio de su Espíritu.” NTV
- La misericordia de Dios (2:4) “Pero Dios es tan rico en misericordia y nos amó tanto 5 que, a pesar de que estábamos muertos por causa de nuestros pecados, nos dio vida cuando levantó a Cristo de los muertos”. NTV
- “Las inescrutables riquezas de Cristo” (3:8). “Aunque soy el menos digno de todo el pueblo de Dios, por su gracia él me concedió el privilegio de contarles a los gentiles acerca de los tesoros inagotables que tienen a disposición por medio de Cristo.” NTV
Nuestro Padre celestial no es pobre; él es rico, y nos ha enriquecido en su Hijo.
En esta carta Pablo nos explica lo que son estas riquezas y cómo podemos hacer uso de ellas para tener una vida cristiana efectiva.
Comentarios acerca de Hetty Green, la bruja de Wall Street. [2] Nos parecemos a esta mujer, no disfrutamos de las riquezas que ya tenemos. Como un matrimonio que va de vacaciones en un VTI, viaje todo pagado y no quiere comer en el hotel pues le parece caro, pero al final se da cuenta de que ya estaba incluido en el pago que habían hecho.
El alcance de nuestras bendiciones
“toda bendición espiritual”. Por esto se entiende todas las bendiciones del Espíritu, refiriéndose al Espíritu Santo de Dios. El Padre nos ha dado toda bendición del Espíritu, todo lo que necesitamos para una vida cristiana exitosa y satisfactoria. Lo espiritual es mucho más importante que lo material.
Los judíos pensaban en tres cielos el que tenemos al alcance en nuestra atmosfera, el que está arriba donde están los astros y el tercer cielo donde vive Dios.
En esta carta se menciona muchas veces al Espíritu Santo, porque es él quien canaliza nuestras riquezas que provienen del Padre a través de su Hijo. No conocer ni depender de la provisión del Espíritu Santo es sinónimo de vivir una vida de pobreza espiritual.
Pregunta: ¿Recibiste el Espíritu Santo cuando creíste? Así les pregunto a unos creyentes en Éfeso Hechos 19:1-7. Si la respuesta es no, entonces no son salvos. “Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él” (Romanos 8:9). A menos que se tenga el testimonio del Espíritu (Romanos 8:15–16), no se puede hacer uso de sus riquezas.
La esfera de nuestras bendiciones
“en los lugares celestiales en Cristo”. La persona incrédula está interesada primeramente en lo terrenal, porque allí vive. Jesús los llamó “los hijos de este siglo” (Lucas 16:8).
La vida del creyente tiene dos ciudadanías la que tenemos en esta tierra y la que tenemos en el cielo. Por eso el creyente tiene como centro las cosas del cielo:
- Su ciudadanía está en el cielo (Filipenses 3:20),
- Su nombre está escrito en el cielo (Lucas 10:20),
- Su Padre está en el cielo y
- Su mirada y sus deseos deben estar centrados en las cosas del cielo (Colosenses 3:1ss.).
Los lugares celestiales describe el lugar donde Cristo está ahora (1:3) y donde el creyente está sentado con él (2:6).
El creyente, en realidad, opera en dos esferas: la humana y la divina, la visible y la invisible. Físicamente está en la tierra en un cuerpo humano, pero espiritualmente está sentado con Cristo en la esfera celestial, y es esta esfera celestial la que provee el poder y la dirección para su vida terrenal.
No importa dónde se encuentre en esta tierra, está sentado en los celestiales con Jesucristo, y ésta es la base de su vida y de su poder.
Cuando Jesús escribió el testamento para su Iglesia, hizo todo posible para que compartiéramos sus riquezas espirituales.
Una de caricatura graciosa mostraba a un pomposo abogado que leía la última voluntad en el testamento de un cliente a un grupo de avaros parientes. El encabezamiento decía: “Yo, Juan Pérez, en pleno uso de mis facultades y con buena salud, ¡lo gasté todo!”
En vez de gastarlo todo, Jesucristo pagó por todo. Su muerte en la cruz y su resurrección hicieron posible nuestra salvación. Nos incluyó en su testamento y después murió para que éste entrara en vigencia. Luego resucitó para poder convertirse en el abogado celestial a fin de asegurar que se siguieran correctamente los términos de su testamento.
Con esta oración gramatical extensa (Efesios 1:3–12), Pablo nombra tan sólo algunas de las bendiciones que componen nuestra riqueza espiritual:
Bendiciones de Parte de Dios el Padre (Efesios 1:4–6)
Dios nos escogió.
Todo creyente está de acuerdo en que la salvación comienza con Dios, y no con el hombre. “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros” (Juan 15:16). El pecador perdido, abandonado a su voluntad, no busca a Dios (Romanos 3:10–11); Dios en su amor busca al pecador (Lucas 19:10).
Date cuenta que Dios nos eligió aun antes de la creación del universo, así que nuestra salvación depende completamente de su gracia, y no está basada en nada que nosotros hayamos hecho. Él nos eligió en Cristo, no por nosotros mismos. Y nos eligió con un propósito: ser santos y sin mancha. En la Biblia la elección es siempre para algo. Es un privilegio que conlleva una gran responsabilidad.
¿Responde el pecador a la gracia de Dios en contra de su propia voluntad? No, el pecador responde porque la gracia de Dios lo sensibiliza.
Las tres personas de la Deidad están involucradas en nuestra salvación.
- En lo que se refiere a Dios el Padre, él te salvó cuando te eligió en Cristo en la eternidad pasada. Pero esto es sólo una parte del proceso de salvación.
- En lo que respecta a Dios el Hijo, él te salvó cuando murió por ti en la cruz.
- En lo que se refiere a Dios el Espíritu Santo, él te salvó cuando te motivó a rendirte a su convicción, y recibiste a Cristo como tu Único y Suficiente Salvador.
¡Lo que comenzó en la eternidad pasada fue llevado a cabo en el presente, y continuará por toda la eternidad!
Dios nos ha adoptado
“…En amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad…” 1:5
Hubo una razón por la cual nosotros fuimos elegidos, pero esa razón no está en nosotros sino en Cristo, razón que conoceremos cuando estemos en su presencia.
Aquí nos encontramos con la malentendida palabra predestinación. Esta palabra, como se usa en la Biblia, se refiere en primer lugar a lo que Dios hace por las personas salvas. La palabra sencillamente significa “decretar de antemano, predeterminar”. La elección parece referirse a las personas, en tanto que la predestinación, a los propósitos.
Los acontecimientos relacionados con la crucifixión de Cristo estaban predestinados (Hechos 4:25–28). Dios ha predestinado nuestra adopción (Efesios 1:5), y nuestra conformidad a Cristo (Romanos 8:29–30), como también nuestra herencia futura (Efesios 1:11).
La Adopcióntiene un doble significado, tanto presente como futuro. No se entra a la familia de Dios por medio de la adopción. Se entra a su familia por medio de la regeneración, el nuevo nacimiento (Juan 3:1–18; 1 Pedro 1:22–25).
La adopción es el acto de Dios por el cual les da a sus hijos una posición de adultos dentro de su familia. ¿Por qué lo hace? A fin de que podamos de inmediato comenzar a reclamar nuestra herencia y disfrutar de nuestra riqueza espiritual. Legalmente un bebé no puede usar su herencia (Gálatas 4:1–7), pero un adulto sí, ¡y debe hacerlo! Esto significa que no tienes que esperar hasta llegar a ser un anciano para poder reclamar tus riquezas en Cristo.
Gerald Nyenhyuis decía “Dios se comprometió conmigo ¡Me adoptó!”. Yo no siento que soy parte de la familia de Dios, Créelo pues ya eres parte de la familia de Dios porque lo dice la Escritura. El aspecto futuro de la adopción se encuentra en Romanos 8:22–23, el cuerpo glorificado que tendremos cuando Jesús vuelva. Ya tenemos nuestra posición de adultos ante Dios, pero el mundo no puede verla. ¡Cuando Cristo vuelva, esta “adopción en privado” se hará pública para que todos puedan verla!
Dios nos ha aceptado.
No podemos hacernos por nosotros mismos aceptables ante Dios, pero él, por su gracia, nos hace aceptos en Cristo. Esta es nuestra posición eterna que nunca cambiará.
Pensemos en un invitado a nuestra reunión que es un indigente que no se ha bañado en muchos días así que está sucio, huele mal y está aquí con nosotros, no es agradable, nos sentimos incomodos con su presencia y cercanía. Pero si lo llevamos a bañar y cambiar de ropa, entonces es agradable a nosotros. Eso hizo Jesús con nosotros delante de Dios el Padre, pues nos lavó de nuestros pecados con su sangre y nos justificó, poniéndonos vestiduras blancas.
Por la gracia de Dios en Cristo es que somos aceptados ante él. Pablo usando el mismo argumento: escribió a Filemón para animarle a que aceptara a su esclavo fugitivo, Onésimo. “Si algo te debe, yo lo pagaré. Recíbele como me recibirías a mí” (Filemón 17–19, parafraseado).[3]
Así que mi hermano, en conclusión, Alaba a Dios por todas las bendiciones espirituales que ya tienes y que desde hoy puedes disfrutar. Y para los que no tienen a Cristo, hoy es el día para empezar a arrepentirte de tus pecados y llegar con ante la cruz creyendo que Jesús pagó por tus pecados y te puede dar todas estas bendiciones.
Dios te siga bendiciendo mi rico hermano.
[1] Henry, M., & Lacueva, F. (1999). Comentario Bı́blico de Matthew Henry (pp. 1672-1673). Editorial CLIE.
[2] Hetty Green, la «bruja de Wall Street” que se convirtió en la primera magnate de EE.UU. https://www.bbc.com/mundo/noticias-47569928
[3] Wiersbe, W. W. (1994). Ricos en Cristo: Estudio Expositivo de la Epístola a los Efesios (pp. 5-14). Editorial Bautista Independiente.
