Gracia o justicia

Génesis 38:1-30


El relato de la historia de José se ve truncado por la introducción de este relato sobre la vida de Judá. Pareciera que es una intromisión y que no debiera ir un relato así en este punto. Pero forma parte del mismo relato de los hijos de Israel y en especial de la vida de José.  

  • El primer propósito de la ubicación de esta historia en este lugar es que este relato hace que el lector experimente el paso del tiempo antes de continuar con la historia de José, que se realiza en paralelo.
  • Un segundo propósito es el de enterarnos de que se está relatando una historia que tiene dos enfoques. No olvidar la historia de Israel y que también la historia de sus hijos tiene que ver con la historia de José.
  • Un tercer propósito es el de avisarnos de la situación moral de los hijos de Israel.

La historia de Judá se lleva a cabo mientras que pasa la historia de José. También debemos recordar que Judá se había mencionado antes en la historia de José, en el capítulo anterior y tendrá un papel relevante en la continuación de la historia.

La historia misma es una unidad, tiene sus propias enseñanzas y está en la Biblia para nuestro beneficio e instrucción. Está ligada con la historia de nuestra salvación, ya que este episodio figura en la genealogía de nuestro Señor Jesucristo en Mateo 1:3.

  1. Separado

El relato empieza haciéndonos notar que Judá se apartó de sus hermanos, no dice porque causa se separó, algunos han especulado que se separó para no seguir viendo la tristeza de su padre por la “muerte” de José sabiendo que no estaba muerto y que había sido él quien propuso su venta.

La separación de Judá no era cualquier cosa, sino que se estaba separando del pueblo de la promesa y eso era peligroso porque entonces viviría lejos del pueblo de Dios alejado de la comunidad de creyentes donde se desarrolla el ambiente espiritual. Y se fue donde reinaban las costumbres del hombre incrédulo.

Se acercó a su “amigo” Hira, cananeo que vivía en la región de Adulam, y se casó con la hija de un cananeo cuyo nombre no se menciona. Ella le dio hijos a Judá: Er, Onán y Sela. “Y cuando el hijo más grande Er, alcanzó la edad adecuada, Judá arregló la boda para él. La novia era Tamar, personaje importante en esta historia”.

“La Biblia no especifica su pecado ni el carácter de la maldad, pero si comenta que hizo lo “malo ante los ojos de Jehová”, esta frase en la Biblia casi siempre indica que además de una vida de maldades, se dedicaba a la práctica de ritos a los dioses o diosas falsos (1 Reyes 16:25). Podemos concluir que Er entró de lleno en la vida religiosa cananea, fruto de la separación de su padre del pueblo de la promesa. Por eso Jehová no permitió que tuviera descendencia; le quitó la vida”. O sea, lo dejo que su mismo pecado lo llevara rápidamente a la muerte.

Para preservar la herencia cuando el hijo mayor no tenía descendencia, se aplicaba la práctica del levirato, o sea del cuñado. Esta costumbre permitía que el hermano del primogénito muerto sin hijo, le hiciera concebir a la viuda. El hijo nacido era entonces la cabeza del clan, esta práctica después se incorporó en la ley.

Y este es el caso de Judá. Su hijo mayor muere sin hijos. Y aunque él aplica la ley del levirato con su segundo hijo, Onán “fingió cumplir, pero por razones egoístas, de no querer dar descendencia a su hermano, tomó precauciones para que su cuñada, ahora su esposa, no quedara embarazada. Esto desagrado a Jehová y a Onán también le quitó la vida”.

Tamar ya es viuda por segunda vez, Judá la mandó a la casa de su padre, pensando que ella era la causa de la muerte de sus hijos, aunque Judá tenía la responsabilidad y obligación de proveer para ella. Cuando el tercer hijo llamado Sela, llegó a la edad para cumplir, Judá no cumplió su deber, al no arreglar el matrimonio de su hijo con Tamar.

  • La iniciativa de Tamar

Tamar sabía de sus derechos, no sabemos si también sabía del pacto, sabía que tenía derecho de pertenecer a la familia de Judá y tener herencia en ella. También sabía que Judá era viudo. Parece que también sabía lo que pasaba en la familia de Judá, pues sabía que iba a trasquilar sus ovejas, ocasión de fiesta, y a veces hasta de desenfreno, donde la presencia de rameras de culto pagano no era cosa extraña. La viuda, entonces, tomo la iniciativa para que el viudo cumpliera con su deber. Y ella sabía cómo hacerlo.

La trampa que puso Tamar implica un conocimiento del comportamiento de Judá. Aunque la actividad de ella no era lo que hoy en día se recomendaría, el mismo Judá más tarde la llama justa. La actividad de ella era de una viuda buscando justicia. Se vistió de “ramera” no como las de los cultos paganos, sino con solo propósito de fornicar, y no de practicar ritos religiosos a los dioses cananeos. Y se puso al lado del camino justo para encontrarse con Judá, y con nadie más.

Como Judá no tenía consigo lo que pedía la ramera, él quería sus servicios a crédito, entonces Tamar quería conseguir identificación positiva para poder probar después la paternidad. El selló cilíndrico se llevaba al cuello con un cordón y era usado para firmar documentos. El báculo tendría grabados distintivos u otras marcas que identificarían a su dueño.

En el encuentro Tamar queda embarazada. Es lo que ella quería; ella no practicaba la prostitución, ni religiosa ni la comercial. Había pedido prenda del pago cuando estuvo con Judá y luego no estuvo para recibir el pago. Se quedó con la prenda. Cuando Judá se enteró de la condición de Tamar la iba a castigar quemándola.

Esta es una desdichada historia de Judá. Pues se portó injustamente con su nuera, por negligencia o adrede, al no darle el hijo sobreviviente, de acuerdo con lo prometido, y así la expuso a tentaciones. Judá no cometió incesto culpablemente, sí fue culpable de fornicación.  Al escándalo de la fornicación añadió el pecado de alquilar por dinero a una ramera ¡nada más infamante!, pues el precio fue demandado, prometido y aceptado.  Un cabrito del rebaño.

También en esto, es peor Judá que Tamar, “porque ¿cuál es más de culpar, aunque cualquiera mal haga, la que peca por la paga o el que paga por pecar?”

 Ella mostrándole las prendas salvó su vida e hizo que remordiera la conciencia de Judá. Ella fue justa y él no. Por medio de la viuda que reclamaba sus derechos, Dios devolvió el sentir espiritual a Judá.

  • La línea del pacto sigue

Nacen gemelos. Uno de ellos va a continuar la línea del pacto. Curiosamente no será el que salió primero que fue Zara, al cual le amarraron un hilo rojo, sino que fue el segundo Fares, a quien la partera le dijo “Qué brecha te has abierto”. Notamos la lucha por la primogenitura y la elección de Fares por pura gracia.

 De Fares nacería David el rey, en el tiempo escogido por Dios, y el “Hijo de David” el eterno rey, también en el tiempo escogido por Dios.

Tamar es una de las cinco mujeres mencionadas en la línea de la genealogía de nuestro Señor Jesucristo en Mateo 1:3. A quien le llaman perteneciente a la línea de la gracia pues estás cinco mujeres estuvieron en el supuesto de ser quemadas o apedreadas por razón de alguna acción. Sin mbargo lo que prevaleció fue la gracia de Dios derramada sobre ellas para que pertenecieran en la línea del Señor Jesucristo.

Para nosotros hoy:

  • Dios cumple sus promesas, como la del pacto de gracia.
  • Para Dios el asunto del pecado no es asunto menor, es importante de tal manera que por eso envió a Jesucristo su Unig
  • A pesar de la maldad de las personas, Dios tiene sus instrumentos para su gloria sobre quienes derrama su gracia.

Fuentes:

Carro, D., Poe, J. T., Zorzoli, R. O., & Editorial Mundo Hispano (El Paso, T.  (1993–). Comentario bíblico mundo hispano Génesis (1. ed., p. 208). El Paso, TX: Editorial Mundo Hispano.

Henry, M., & Lacueva, F. (1999). Comentario Bíblico de Matthew Henry (p. 64). 08224 TERRASSA (Barcelona): Editorial CLIE.

Nyenhuis Gerald “Origen de la promesa evangélica” Tomo II, Publicaciones el Faro, S.A.de C.V. Mayo 2000.

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